viernes, 29 de junio de 2012

Mamá no respeta mi espacio físico - Leo Dolengiewi


Mamá no respeta mi espacio físico. Entra a mi habitación sin golpear, hace oídos sordos a mis protestas. Ordena a su gusto, va poniendo las cosas en bolsas rotuladas. No la entiendo. Se lo digo. Sigue sin oírme. Tira a la basura mis frascos de colección. Tira el de pelusas, tira el de mocos, tira el de uñas. Dice qué asco.
Mamá no respeta mi espacio físico. No sé qué más hacer para que sepa que ya no soy un niño. Pasa a través de mí y arroja a la basura aquella soga con la que hace dos días me colgué del cuello.

Tomado de: http://mepodesleeraca.blogspot.com.ar/

Acerca del autor:
Leo Dolengiewich

Gemelas – Sergio Gaut vel Hartman & Ana Caliyuri


La primera vez que Elena y Laura lograron unirse en un sueño, mientras dormían la siesta en la casona de la abuela Emilia, estaban lejos de imaginar que juntas serían capaces de modificar la realidad vigil. Más tarde, sus padres las vendieron a los científicos del laboratorio Oniria que las estudiaron para descubrir aplicaciones prácticas de aquel talento. Pero cómo lo hacían era un secreto que las gemelas jamás iban a revelar, en especial porque sabían que en el caso de enterarse, aquellos hombres las vaciarían como botellas de refresco y las tirarían al tacho de basura. Ya de pequeñas habían logrado visualizar los pensamientos que intercambiaban entre ellas y posteriormente los de todo su entorno. Esa tarde, mientras Elena dormía plácidamente, Laura decidió revelarle la traición de sus padres adoptivos. Le bastó con destaparle la tapa del cerebro. Ella conocía muy bien el Modelo "Robóticum" 9999.


Acerca de los autores:
Ana María Caliyuri
Sergio Gaut vel Hartman

Comer vidrio - Fernando Andrés Puga


Ansioso por contárselo a mamá, cruza el jardín y corre hacia la cocina. No advierte que la puerta de vidrio está cerrada. La atraviesa. Intentando escupir las esquirlas que se le meten en la boca, tropieza y cae sobre las puntas que asoman desde el borde inferior del marco de la puerta. Un fragmento filoso se clava en la arteria de su brazo derecho. Incontenible, la sangre fluye a borbotones.
Nadie en casa.

Sobre el autor: Fernando Puga

Jueves - Jordi Cebrián


Día de invenciones, sueños, ideas buscando ser plasmadas. Los planes para el fin de semana son su expresión más vulgar, pero quien conoce la fuerza del jueves procura poner excusas para no ir a trabajar, y se encierra en casa para escribir aquellas historias que lo atormentan, o construye con tizas de colores mundos imposibles en el asfalto, o danza bajo la lluvia, pues es jueves. Los jefes de estado no se llaman, ocupados en inventar utopías. Y hay lugares donde los jueves el trabajo se paraliza por completo, y por un día todos son poetas, o místicos, o actores.

Tomado de Cien Palabras
Acerca del autor: Jordi Cebrián

Elegantly wasted (high society bitch mix) - Alejandro Bentivoglio


Escondés noche y pasados, lo que brilla no puede deslucirse. Pero tu espíritu es viejo y las heridas son de las que agradan. La sangre se esconde pero está allí, alzándose en tu buena vida. ¿Cuánto plástico vas a agregar a su certera sonrisa? Todo lo que amo lo sentís como hielo que separa los mares. Lo que deseamos son paralelas que no encuentran infinito. Lo que odio es todo por cuanto sabés engañar. ¿Acaso correr te hace más sabia? Seguro, todos podemos encontrar las cárceles de tus vestidos de lujo y tu mirada donde juegan los horizontes. Que tus pies descalzos no vuelvan a tocar los tajos en el mundo que solíamos abrir para ver. Qué terrible sería que a esta muñeca se le encuentren los pedazos de porcelana rota. Pequeña estrella mentirosa, muerta por dentro, nunca luciste tan bien.

Tomado del blog: Memorias del Dakota
El autor: Alejandro Bentivoglio

miércoles, 27 de junio de 2012

No todos los inventores son lo que dicen ser – Héctor Ranea


La verdadera inventora de la máquina del tiempo fue Joaquina Ríos. Le resultó muy duro usarla, al principio. Parece que se transformó en pez, también en pájaro, hasta que por fin logró viajar al futuro. Ahí consiguió los números para ganar una fortuna en la lotería pero, al regreso, jugó y no salieron, comprendiendo que su presencia en otros tiempos introducía cambios. Abandonó todo y, quien ahora es reputado como su inventor, recuperó sus investigaciones, años después.
Al turismo temporal que comenzó a explotar le debemos los seis ojos, las ocho patas, el pelo en el cuerpo y la seda en el culo. ¡Miren en qué nos transformó! ¡Maldito sea! Tiene suerte pues las arañas no podemos usar la máquina, que si no...

Acerca del autor: Héctor Ranea

Rota - Laura Ramírez Vides


Hacía tiempo estaba raro.
Hacía tiempo entraba en estados extraños.
Ese día explotó.
Él avanzaba; yo retrocedía.
No sé qué me decía, no sé qué me gritaba, no sé qué mascullaba mientras caminaba encorvado hacia adelante; yo, inclinada hacia atrás.
No entendí o no me acuerdo…
Recuerdo solo haberle preguntado, ya con los hombros contra la ventana: ¿qué vas a hacer?
Recuerdo el ruido que hizo mi alma al romperse.
Recuerdo la marea de dolor invadiéndome, inundándome, rebalsándome.
Recuerdo mi estallido.
No llegó a pegarme sin embargo ese día me rompí.
Ese día envejecí.

Tomado de El patio de la morocha

Acerca del autor: Laura Ramírez Vides

Largamente - Juan Manuel Valitutti


Caminaba con mi nene por una calle céntrica.
Vimos a un hombre tirado en la acera, arrumbado en un rincón. Estaba sucio, roto y olvidado.
—¿Qué le pasa al señor, papá? —Mi hijito lo señalaba con el dedo.
Yo no dije nada. Y seguimos caminando.
No avanzamos una cuadra, cuando me acuclillé, tomé a mi retoño por los hombros y lo abracé largamente.

Sobre el autor: Juan Manuel Valitutti

Trastorno de identidad – Guillermo Vidal


 —Adelante, pase, siéntese, pensé que eran tres por lo que me dijo por teléfono.
—Sí, justamente por eso vengo a consultarlo, porque al parecer sufro de personalidades múltiples. Nunca me había hecho rollo con este asunto pero las épocas han cambiado tanto. Ahora no importa quién seas, los hijos te discuten todo.
—¿Y usted qué piensa?
—Sí, algo de razón tienen pero nunca tuve problemas con las diferentes personalidades y siempre me llevé de maravillas, pero tanto dicen que me decidí a preguntar.
—¿Cuantas son?
—Tres.
—¿Y cuáles serían?
—El padre, el hijo y el Espíritu santo.



Acerca del autor: Guillermo Vidal

lunes, 25 de junio de 2012

Tiempo - Jesús Ademir Morales Rojas



Había pasado tanto tiempo, desde que K intentaba tramitar ese asunto en el Castillo infructuosamente, que un día comenzó a sospechar que el tiempo mismo estaba en contra del éxito de su tentativa. Desconfiado desde entonces, llevaba siempre consigo un martillo, y cada vez que un reloj suyo perdía la hora, K lo hacía añicos sin titubeos. Un día, luego de innumerables golpes, se dio accidentalmente en la mano. Y entonces K cayó al suelo, desmoronado en fina arena.

Sobre el autor:  
Jesús Ademir Morales Rojas

Sumergidos - Alejandro Bentivoglio



Hace días que nadie sabe decir adónde esta la noche. Es imposible aguantar este exceso de luz que apenas nos deja dormir. El sol brilla inagotable, mientras nosotros vagamos por el calor y el sudor.
Tiempo más tarde, en la cumbre de una alta mañana, descubrimos un loco con un alfiler. A sus pies, un descomunal globo blanco con pozos que nos sume en el llanto.

Tomado de Memorias del Dakota

Acerca del autor:
Alejandro Bentivoglio

Leer a media tarde – Jordi Cebrián


Estás sentado, leyendo esto, pero el sueño te vence, y al despertar levantas la cabeza y te golpeas contra la tapa del ataúd, todo está oscuro, apenas sitio para doblar un poco las rodillas, descubres que es real y el miedo te golpea el pecho y cuando puedes volver a respirar gritas y nadie responde, y temes quedarte allí hasta morir de sed, de asfixia, de dolor, de horror, pero entonces despiertas, te recuperas, dejas atrás la pesadilla, ya sin sueño prosigues la lectura, no miras a tu espalda, no ves la mano con el pañuelo, el cloroformo, el sueño.

Tomado de CienPalabras.com

Acerca del autor:
Jordi Cebrián

De reyes y dioses - Ana Caliyuri




Rastrilló el universo con todo su poderío. Se tomó el trabajo de quitar una letra de todos los alfabetos conocidos. Luego, ya extenuado se sentó a los pies de un ciprés. Allí dicen que se encontró con Dios y le dijo: —Discúlpame, fue la única forma que hallé para sentirme mejor. No podía soportar estar en la B, ya me conoces soy el rey de todos los fanáticos del fútbol.
—No te preocupes —le respondió Él—, te comprendo; yo le hice un gol a los ingleses con la mano…

Sobre la autora: 
Ana María Caliyuri

Emulación – Sergio Gaut vel Hartman


―Patrón ―dijo mi personaje favorito irrumpiendo en el estudio sin golpear la puerta.
―¿Qué querés, Kurosawa? ¿No tenés modales, vos?
―Un amigo, en un microcuento vecino, se clavó un ajenjo con salchichón de morsa. Y me dieron ganas.
―Sabés que acá no nos privamos de nada, que soy partidario de que mis personajes se den los gustos. ¿Querés comer salchichón de morsa y bajarlo con ajenjo? Dale, servite, ahí tenés.
Hice aparecer un salchichón de morsa y dos botellas de ajenjo sobre mi escritorio. Kurosawa se abalanzó sobre el piscolabis y se lo mandó antes de que yo pudiera parpadear. Como sé que es resistente y asimila el alcohol como una barrendera de San Petesburgo, no me preocupé por la posibilidad de que lo multara la policía de tránsito. Pero lo apunté con el índice y sentencié.
―Limpiá el chiquero que hiciste. Me molestan los microcuentos llenos de basura.

Acerca del autor:
Sergio Gaut vel Hartman

sábado, 23 de junio de 2012

Oportunidad perdida - Luisa Hurtado González




Habían quedado a las siete, era su primera cita. Él había tenido un día muy duro, estaba cansado y ahora veía que se le hacía tarde. Ella buscaba con desesperación un lugar donde poder dejar el coche. A las siete y veinte, a un tiempo, miraron el reloj, pensaron que ya era demasiado tarde y tiraron la toalla.
Estaban hechos el uno para el otro y no llegaron a averiguarlo nunca.


Sobre la autora: Luisa Hurtado González

La pintura es Pareja en el bar de Julio Chico.

El cabeceador – Diego Planisich


El pibe de la esquina no dejaba de cabecear el aire, como si de esa manera alguien se apurara para complacerlo. Por un lado una voz le sugería paciencia, a esa hora la frecuencia de circulación del colectivo disminuía. Por otro lado, otra voz le imprimía impaciencia, los cabezazos volvían.
El colectivo no acusaba presencia y las voces no daban tregua. Más tarde, este aprendiz de ventriloquía, caería en la cuenta que no contaba con las monedas suficientes para ambos.

Sobre el autor: Diego Planisich

Volatilidad - David Moreno


Y la admiré. Y la dibujé en el cuadro más bonito jamás pintado. Y le hice ricitos en su melena azabache. Y con el corazón desbocado la acaricié. Y sumergidos en un imparable frenesí la besé en las manos, en la cara y en los labios. Y la volví a admirar. Y a acariciar. Y a besar en las manos, en la cara y en los labios. Y la deseé más. Y cuando le abrí los ojos comprobé que yo no era más que una ilusión. Y desaparecí. Como hiciera hace tanto la lluvia de estos campos marchitos.

Tomado de microSeñales de Humo
Acerca del autor: David Moreno

Pato de cerámica - Daniel Diez Crespo



Ella rompió su pato de cerámica. Tres trozos y un pico sin sangre sobre la alfombrilla rosa del váter. Lo ahogó en la bañera. Fueron diecisiete segundos de lucha hasta detener su pequeño latido. Le intoxicó con la espuma. Lo estranguló con la toalla aún enganchada a la cintura. Descalza, resbaló en dos ocasiones. Buscó sujeción en la base firme del lavabo mientras el animal graznaba su asfixia. Hundió la ira y su cabeza en el agua, y sin aire, resbaló el pato de entre sus dedos, voló veloz, lo persiguió asustada con la mirada por encima de su cabeza, y pese al intento, no atravesó el espejo. Desnuda, con la cadera hundida entre la sucia espuma y la toalla atornillada al muro de la bañera, decidió recoger el cadáver y jamás declararse culpable.

Tomado del blog El País de la Gominola

Sobre el autor: Daniel Diez Crespo

jueves, 21 de junio de 2012

Una nueva oportunidad – Sergio Gaut vel Hartman


El sentimiento de la inminente catástrofe se apoderó de mí cuando leí el telegrama. “Las fuerzas naturales del planeta Tierra han decidido terminar de una buena vez con la infección”. Pensé en los niños que nacieron en los últimos meses. No están enfermos, están tan saludables como usted o yo, solo tienen la piel verde y lucen consumidos por un terror secreto, seguramente impreso en sus mentes por los mismos que enviaron el telegrama de despido y que se refleja en sus ojos tristes y apagados.
—¿Está seguro? —le dije al mensajero.
—Como que me llamo Hermes Trismegisto. Mis hermanos sincréticos, Jesús Mahomed Buda y Odín Viracocha Quetzal ya tienen todo preparado para esterilizar y plantar nuevas cepas.
—¿Y los niños? —protesté—. ¿Qué culpa tienen ellos?
—Son las nuevas cepas, estúpido. Los hemos modificado para no volver a fallar.

Acerca del autor:
Sergio Gaut vel Hartman

Invasión - Claudio G. del Castillo


–Querida, no deseo alarmarte pero llegaré tarde a casa. ¡No me lo vas a creer! ¿Sabes de dónde te llamo?: de un platillo volador. Como lo oyes, de un maldito platillo volador. Me han abducido unos alienígenas de cuatro brazos, dos cabezas y ojos muy rojos. Juegan bien al dominó, eso sí.
–¡Horror, cariño, horror! Deben de estar por toda la ciudad pues, en cuanto te fuiste, se coló por la ventana uno muy negro, con huevos como toronjas y un “perico” de dimensiones galácticas. ¡Y el bicho me llevó a las estrellas!

Acerca del autor:
Claudio G. del Castillo

Cementerio de elefantes - Alejandro Bentivoglio


En el piso de arriba viven personas que no conozco. También en el piso de abajo. Nada me costaría inspeccionar, pero, sin embargo, la idea de la simple movilidad me estanca a este puesto de observación. ¿Qué puedo hacerles? o ¿Qué pueden hacerme? Quizás nunca lo averigüemos, quizás alguno de ellos, alguno de todos esos cuyos pasos percibo, se acerque y busque en mí lo que yo no encuentro en ellos, esa palabra en medio del vacío, ese mirarme a los ojos y descubrirnos, tal vez todos quietos, aferrados junto a la pared, pretendiendo saber qué estamos haciéndonos todos aquí, en este anónimo lugar donde reposamos diariamente.

Tomado del blog: Memorias del Dakota
Sobre el autor: Alejandro Bentivoglio

En la casa del herrero - Leonardo Dolengiewich


Los cuchillos no eran de palo pero sí de plástico, de cotillón. Y no por dar la contra ni por seguir al pie de la letra el refrán, sino por la manía de uno de los niños, que ya había destripado un sapo, dos perros y a una tía abuela que había ido de visita.

Acerca del autor:
Leo Dolengiewich

martes, 19 de junio de 2012

La mágica ciencia – Sergio Gaut vel Hartman



—¡Usted está loco, amigo! ¿Cómo va a escribir sobre un hombre normal que se transforma en una bestia por obra y gracia de una sustancia química sintética?
—¿Loco yo? ¿Y usted? ¡Criaturas del planeta Marte que invaden la Tierra! ¡Viajes en el tiempo! ¿Trata de inventar un nuevo género literario? Sus historias no convencen a nadie.
—¡Ni soñarlo! Lo mío es realismo puro, crónicas de viaje, testimonios periodísticos.
—¿Ah, sí? ¿Estuvo en Marte, acaso? ¿Viajó al futuro?
—¿Por qué no? Usted pretende hacernos creer una aventura descabellada que transcurre en una isla, no recuerdo su nombre, y la búsqueda de un tesoro, piratas, un loro sabio, y el tipo ese con una pierna amputada, ¡por favor! ¡Es un disparate!
—No discutan, amigos —tercia un tercer hombre entrando a la taberna—. La ciencia avanzará tanto en los próximos cien años que ninguno de nosotros podrá distinguirla de la magia.

Sobre el autor:
Sergio Gaut vel Hartman

Atención bastante personalizada – Héctor Ranea




—Lávese las manos y espéreme —dijo mi doctor—. Tengo que traerle algunos repuestos.
Pensé que se había equivocado. Aunque yo era parecido al mecánico reparador de articulaciones nanotexturadas, pero no que fuera para tanto.
—Pero... No necesito articulaciones —alcancé a decirle cuando la puerta se cerraba.
—No importa —me gritó desde el pasillo.
Esperé un buen rato mas no apareció. Cuando me aburrí, salí al corredor y me sorprendió el silencio y lo vacío que estaba el hospital.
Caminé hasta la recepción del piso y no había nadie, aunque a los pocos segundos los ví, todos colgados de ganchos, desangrándose, ya muertos. Llamé a la policía.
—Cosa de locos —me dijo el oficial a cargo, aunque no sé si me hablaba a mí o a uno de los que manejaban las ambulancias—. Ponen de médicos a clones de psicópatas. ¿No saben leer los currícula, estos tecnócratas?
Como buen clon, cerré el pico.

Sobre el autor: Héctor Ranea

La mosca - Diana Sánchez



Tarquino El Soberbio se presentó en el foro de la antigua Roma para leer sus leyes. El pueblo lo esperaba enardecido. Apenas comenzó, una mosca se posó sobre su mano. El intentó matarla.
Pero la mosca voló hasta su pecho. La muchedumbre, antes atenta al discurso, estaba ahora perpleja por las palmadas que El Soberbio pegaba sin respiro al centro de su túnica. La mosca logró escapar y posarse en su frente. Ahora, los manotazos desaforados del emperador apuntaban a la cara. Por fin, un súbdito divisó a la mosca. Entonces, exaltando al pueblo, gritó: ¡Hay que deshacerse de ella! ¡Protejamos a Tarquino! Y el pueblo, entusiasmado, echó sobre él centenares de uvas y de flores con la intención de aplastar a la mosca. El otrora aclamado séptimo y último rey de Roma, murió de asfixia.
En los funerales, encabezando el cortejo, serena, impávida, pequeña como un micrón, revoloteaba la mosca.

Acerca de la autora:

Rayas - Susana Camps


Son las seis de la mañana cuando suena el teléfono y me preguntan: ¿Qué tiene usted en el bolsillo del pijama?  Llevo maquinalmente la mano al pecho. Me emociono tanto al oír que obtengo el primer premio que no atino a contestar estado civil ni profesión. Volverán a llamarme hacia las doce.
Simpático, metafórico, ocurrente y socarrón son algunos de los piropos que me lanzan durante la entrevista. Alaban mi agudeza mental pese a lo intempestivo de la llamada. Celebran mi audacia cuando contesto que soy camello.
Yo sólo guardé mi coca en el bolsillo antes de echarme a roncar.

Acerca de la autora:
Susana Camps Perarnau

Abolición - Diego Planisich


Él creyó que en un día más, nadie se daría cuenta. Supo entender, cavilante, que todas las oportunidades que dejó escapar, hoy, como si despertase de un mal sueño, otra vez las tenía puertas por delante. También supo en ese mismo instante —como si alguien se lo soplara al oído— que ésta sería la última de las oportunidades.
Se convenció de que tardaría una eternidad en explicar lo sucedido. Cada noche, hasta ese día, observó el libro cubierto de polvo, allí en el estante de la biblioteca. Explicar —decía— sería perder el tiempo de todos. Nadie le creería, todos abogarían por su abolición. Dentro del libro, la mancha de café sabía que su vida no había sido en vano.

Acerca del autor:
Diego Planisich

domingo, 17 de junio de 2012

Muerte de un suicida - Héctor Luis Rivero López


El hombre vio una puerta, la abrió y se sorprendió de que estuviera abierta. Luego encontró que detrás de la puerta había otra puerta; volvió y la abrió y otra vez se sorprendía de que estuviera abierta; pero detrás de la puerta había otras puertas y todas abiertas infinitamente, hasta que llegó a una puerta que no abría…entonces rápidamente todas las puertas anteriores se fueron cerrando…

Acerca del autor:

Tarde animada - David Moreno



Me acerco y anoto sus nombres en mi libreta mágica como mera comprobación de los asistentes. Popeye el Marino, D’Artagnan y los Tres Mosqueteros, Los Caballeros del Zodíaco, El Capitán America, Spiderman, Batman, HeMan… uno a uno van entrando en mi habitación. Asterix reta a La Masa, los Caballeros del Zodíaco luchan contra Los Transformers, Lucky Look rodea al Inspector Gadget y yo intento atrapar a Conan el Bárbaro. Sin darnos cuenta va pasando la tarde hasta que oigo que alguien llega a casa. Mando a todos callar y cierro rápidamente la puerta. Ahora me toca pensar una buena excusa que contente a mi mujer.


Acerca del autor:
David Moreno

Púrpura – Ruy Feben


Para MZ y su Tlayacapan

Hundido en el matorral, Manuel tiembla. Mira a lo lejos piquetes certeros, ojos que explotan, pus brotando de los cuellos: el enjambre voraz embestir una procesión, guarecida bajo figuras de porcelana y estandartes de santos, atrapada en el camino escarpado que bordea el monte. Arriba el cielo es púrpura.
Por el acantilado vuelan cuerpos aterrados que semejan cruces, miembros hinchados, gritos dolientes, abejas cazando a muerte. Manuel escucha un zumbido acercarse y aprieta los ojos.
Despierta de un salto, sudado por la pesadilla. A lo lejos, la figura de San Juan Bautista; al fondo, un niño agita un panal; en el horizonte, el cielo apenas se pinta de púrpura.

Tomado de: http://elclaxon.arts-history.mx/

Acerca del autor:
Ruy Feben

Cartas destruidas - Alvaro Ruiz de Mendarozqueta



Desde aquella despedida en una tibia tarde de otoño, guardó todas las cartas pero no los recuerdos. Años más tarde abrió la vieja caja de zapatos y encontró el atado de cartas de hojas amarillas y acartonadas. Recordó la letra. Las leyó lentamente, las masticó y el rencor agrio volvió a su boca. El dolor de aquel abrazo le latía en las sienes. Recordó besos y perfumes. Fuera de sí rompió con esmero todas las cartas, una a una, en pedazos cada vez más pequeños. Muy pronto se arrepintió. Los pedazos eran demasiado pequeños como para poder armarlas de nuevo; tan pequeños como las fotos de ella que encontró en internet.
Ahora se sienta todas las noches y le escribe unas largas cartas. No sabe si las va a enviar pero el rencor agrio sabe igual.

Acerca del autor:
Alvaro Ruiz de Mendarozqueta

Microtopológico – Sergio Gaut vel Hartman




El tipo se materializó en medio de una gran tempestad de sonidos, con un volumen tan intenso, que mis huesos tuvieron que esforzarse para no escapar a través de la carne.
—¿Quién es usted, qué quiere? —logré balbucear.
—Soy el personaje central de esta microficción y vengo a buscar mis líneas.
El sonido no cesaba; mi mandíbula empezó a vibrar y los ojos buscaron fugarse por la parte posterior de mi cabeza. Aún conmocionado, logré replicar.
—¿Está loco? ¿De dónde sacó que voy a escribir una microficción? Y en el caso de que me viniera en gana hacerlo, ¿por qué lo voy a poner como personaje?
El tipo sacó un palo y lo exhibió. Era un bate de béisbol, famoso en manos de Babe Ruth o Al Capone.
—Me va a poner, no tenga la menor duda. Y si quiere, le dicto la primera frase. “El tipo se materializó…”

Acerca del autor:
SergioGaut vel Hartman

Adiós – Daniel Diez Crespo




Vomitó los ojos y ya nunca los encontró. Tiró de la cadena y alguien rió la torpeza. Le abofeteó pero nunca le golpeó. Dieron media vuelta y desaparecieron. Sus ojos, rotos como añicos de un cristal nunca más aparecieron. Nadie fue impune a los hechos maquiavélicos de aquel asalto al castillo. Ella caminó veloz con sus pies verdes descalzos. Él anduvo despacio con sus pies rojos descalzos y enormes. Nunca se dijeron adiós, lo escribieron invisible en el aire.

Sobre el autor: Daniel Diez Crespo

Ayer nomás – Ricardo Giorno & Esteban Moscarda



Ella por fin regresa, Penélope rediviva. Sonrisa deseada, pasado ignorado.
El gato se aparta de su tejado ardiente, su universo, y recuerda, hace mucho: papel blanco, color rosado, turquesa fuerte, rayado tenue.
Manchas de tinta redondas son los ingenios que adulteran, que simulan verdades, que mantienen la imagen hasta el instante mismo en que se descubre la verdad.
El gato relee: papel viejo, tinta lavada… y el rayado que se disuelve.
Lento, saboreando lentamente el misterio, espera la explosión de luz que Ulises una vez llamó verdad. Pero no viene y los colores comienzan a ser un sueño de Dalí y el mundo se sumerge en una noche sin tejados.
El gato muere antes de despertar.
Su realidad actual, la que recuerda, es una imagen en el tapiz que Penélope, cansada de la mortaja, teje una y otra vez en la noche sin tejados…

Sobre los autores:
Ricardo Giorno
Esteban Moscarda

viernes, 15 de junio de 2012

Origen - Cristian Cano


La luz es una energía escasa que se abre paso por mi inmenso desconocimiento, emergida de explosiones y nacimientos estelares, de estrellas que se mueren y se queman como viejos girasoles. Si creo ver, sólo veo en ella y dejo de ser en la opacidad. Si veo y tengo estos ojos es porque hay un Sol que lucha en la negra bóveda de una realidad aparte. Si hablo es porque en la atmósfera viajan las vibraciones; y los postulados que me empujan: ¿En cuántas atmósferas hablarán?

¿Cuántos Soles crearan ojos con millardo de formas? En la oscuridad y la negrura la vida es como la luz, una situación que desesperadamente intenta corregir su endeble significado y su misteriosa presencia.


Sobre el autor:
Cristian Cano

Apostasía – Sergio Gaut vel Hartman & Guillermo Vidal




La multitud observaba al profeta con respeto y admiración mientras este alzaba los brazos al cielo parado en la cima de la pirámide. Pero mezclado entre la gente feliz y agradecida que lo reverenciaba había un hombre diferente, un ser disconforme que consideraba que el ungido era un fraude, por lo que no compartía aquella veneración y estaba decidido a avanzar un paso más: se disponía a matar al falso enviado del Creador cuando una voz que surgía de su interior pero no era de su conciencia dijo: “El profeta tampoco cree y sin embargo lleva a esta gente a un destino mejor que estar desperdigados como ovejas en un valle plagado de lobos, serán un imperio poderoso, heredaran la tierra y ante su estandarte todos los pueblos se rendirán”.
─Justo por eso voy a matarlo ─y arrojó un lanza que atravesó al profeta mientras la multitud lo destrozaba.


Acerca de los autores:
Guillermo Vidal
Sergio Gaut vel Hartman

El piano – Esteban Moscarda & Javier López



El piano suena y suena, solo, sin que dedo alguno excite sus teclas. La estancia parece vacía pero sé que hay fantasmas. Sordos. Son poetas y la música se les escapa, sobre todo si proviene de un gran piano negro poseído por la presencia de Chopin o de Randolph Verbi. Fue un gran pianista Ran, como lo llamaban sus amigos, un gran pianista que, casualmente, murió víctima de un piano que le cayó en la cabeza. Y seguramente era él en el piano, eran sus dedos post-románticos los que castigaban las teclas.
Francamente, lo sospecho porque sólo él era capaz de arrancar a las franjas blancas y negras del errante teclado melodías para hombres rana de parranda en un gran estanque francés. Ran era así. Capaz de convertir su música, y mis propias palabras, en una sinfonía en ran atrancado. Quise decir en Re sostenido.

Sobre los autores:
Javier López
Esteban Moscarda

La última cena de Pascal – Sergio Gaut vel Hartman & Javier López




—Me parece, Arnoldo, que usted no presta atención a lo que le digo.
—Regresé de mi viaje esta mañana, Ricardo. Usted no se hace cargo de mi cansancio.
—Me repugna la idea de que esté planteando una suerte de competencia entre la felicidad y el rechazo en la que usted deba ganar por decreto.
—¡Por favor! Hágase cargo de que somos dos fascistas convencidos y que hemos invitado a cenar a tres judíos comunistas.
—Eso es incuestionable. Por eso le pido que ponga su mejor cara.
—Insisto: estoy cansado. Y nos la jugamos, porque Pascal, que hará las veces de oficiante, me lo ha advertido: o somos capaces de tener la cena en paz, o la Humanidad no habrá superado la prueba. Y ya conoce las consecuencias.
—Entonces relájese. Si el ejército intergaláctico de Pascal nos barre, también desaparecen esos judíos… Así que no quiero oír ya más excusas.

Sobre los autores:
Javier López
Sergio Gaut vel Hartman

miércoles, 13 de junio de 2012

La respuesta - Ana Caliyuri & Guillermo Vidal


No me dedico a la política, ni a la filosofía, menos que menos a la docencia, ni reconozco los agujeros negros por donde se dice que se chifla el tiempo. Ayer debatiré el mañana, me dijo una criatura audaz; y como si eso fuese poco tomó mis manos y acatando lo que aún no había sido revelado, me tentó a ser infinita en el no tiempo. En verdad, es hora de decisiones y la criatura espera una respuesta que ya fue dada pero que sin dudas es mía y la desconozco. Jaj
Por fortuna una luz como una daga se filtro en mi confusión y abrió una brecha en mi cerrada lógica.
─Tal vez ─dije ─acogiéndome al principio de incertidumbre donde una partícula puede estar y no estar en un mismo lugar al mismo tiempo.
─Sutil ─dijo la criatura.
─La coherencia está sobrevalorada ─dije o tal vez no.

Acerca de los autores:
Ana Caliyuri
Guillermo Vidal

Rumores de la ciencia – Odeen Rocha & Héctor Ranea


Para los científicos nunca ha sido sencillo el amor; por ejemplo, a Galilei siempre lo botaban sus novias, decían que se la pasaba en la Luna. Una y otra vez las chicas que se sentían atraídas por la sensual barba y el habiliducho cerebro de Galilei terminaban por darle una patada en el trasero un lunes por la mañana, justo después de una noche de tórrido romance y péndulos eróticos. Algunos decían que la Torre de Pisa había una vendedora de frutas llamada Luna. Siempre que Galileo iba a hacer experimentos, ella tomaba las notas. De las notas que tomaba la hermana Luna, surgió, por ejemplo, las novelas perdidas: “El amor en el péndulo isócrono”, “Discurso amoroso en la tina de Arquímedes” y “La relatividad del amor profano”. Todas prohibidas, se entiende. Esto demostraría por qué le prohibieron la Luna a Galilei.

 Acerca de los autores:
Odeen Rocha
Héctor Ranea

La oferta – Javier López & Ana Caliyuri



Humano vivía en el limbo. Un lugar inhóspito, más aún desde que a un papa se le ocurriera negar su existencia.
Su cuerpo era como el de un adulto de menos de 40 años, de aspecto fantasmal y contornos vaporosos e imprecisos, como son allá en el limbo.
Transcurrían sus días en completo aislamiento, en un espacio compartimentado en celdas que hacían imposible el contacto con los demás. Hasta que Ez'qiel, una voz sin rostro, le ofreció un pacto que le permitiría cambiar su existencia…
—Oye, Humano... Humano Galimatías... chist, ey, oye, soy yo Ez'qiel. Tengo un pacto para ofrecerte. Mi voz es clara y precisa… la tuya huelga de precisión y suena confusa. Puedo ser la voz de ambos; pero necesito que seas la existencia de los dos. Te daré la fortaleza de mi espíritu.
Fue hace centurias, que bajó a Tierra el primer hombre en alma y cuerpo unido.


Sobre los autores:
Javier López
Ana María Caliyuri

La foto – Esteban Moscarda & Ada Inés Lerner



La foto era rarísima: un bar de mala muerte cercado por una neblina azul que trastocaba las caras presentes. Parroquianos al punto de no retorno, botellas sobre la barra y sobre el piso, Baco dominando la escena con sordidez y derrota. El cantinero, como un demonio terrible, esbozando una sonrisa malsana mientras limpiaba la mesada. Dicha foto fue encontrada junto a un ciruja muerto, en un atardecer frío de junio. Cuando lo identificaron, descubrieron que el ciruja era Teseo, aquél que visitó al Minotauro en el laberinto y que recibió sorprendido la rendición de la terrible bestia, que se entregó diciendo que estaba harta de estar solo y que prefería que Ícaro lo guiara hacia playas más amables.
Ariadna, enamorada de Teseo, los acompañó en el primer tramo. En realidad, Teseo no la amaba, sólo quería huir. Advertida de la traición, Ariadna le dio muerte con ayuda de Baco.

Acerca de los autores:
Ada Inés Lerner
Esteban Moscarda

Invasión – Sergio Gaut vel Hartman & Guillermo Vidal


—Ustedes, los comandos, tienen por misión invadir por sorpresa y descabezar a la cúpula dirigente. Los de logística les anulan las comunicaciones satelitales, los de bacteriológica les mandan una buena plaga y los de telúrica les sacuden la corteza con un paquete de buenos terremotos y tsunamis.
—¿Puedo hacer una pregunta? —dijo un oficial del grupo de choque levantando tres tentáculos.
—Hágala.
—¿No va a quedar demasiado estropeado el planeta después de que nosotros terminemos?
El comandante miró a los presentes con inusual ferocidad y repitió cada palabra mostrando los colmillos.
—El ataque a este mundo es un ejercicio de prioridad uno con el ejército salmunadiz de Tokraj para consolidar la paz. Si descubren que nos interesa el bienestar de un planeta de especies alienígenas por encima del festival de la concordancia, el tratado será anulado y tendremos otra larga guerra en casa y no en este suburbio estelar.

Acerca de los autores:
Sergio Gaut vel Hartman
Guillermo Vidal

lunes, 11 de junio de 2012

Mucha hembra - Alvaro Ruiz de Mendarozqueta & Eduardo Poggi


No te lo tomés a mal pero esa mina es mucha hembra para vos; mirala, desborda por todos lados, no sólo por el escote, ¿eh? Además dice que le gusta el fútbol, no viejo, no me vengan con esas minas que hablan de fútbol en la tele, no me la creo. A la primera de cambio te va a meter los cuernos. ¿La vas a sacar a bailar igual? Ya sé, como buena está buena, pero después no me vengas a llorar. Si me lo preguntás te cuento, fuimos novios hace mucho. Cómo que no te importa, flaco. Dejame que te cuente, ¿no somos amigos? La muy turra me garcó. Che..., no le falto el respeto: es la verdad. ¿Si yo quiero saber qué? ¿Qué ya no jugás en Lanús y a vos no te va a cuernear? ¿Y qué pasa con eso? ¡Ah, entonces el turro fuiste vos!

Sobre los autores:
Eduardo Poggi
Alvaro Ruiz de Mendarozqueta

La danza interminable – Héctor Ranea & Sergio Gaut vel Hartman


Noche de calor sofocante. Imposible conciliar el sueño. Hasta una luctuosa pesadilla hubiera sido bienvenida, pero no, nada. Ni siquiera el equipo de aire acondicionado generaba suficiente aire fresco como para desgarrar y derrotar al insomnio. Bebí litros de agua fría, me acosté sobre los mosaicos del baño, imaginando que le obsequiarían una tregua a mi piel incandescente, me asomé a la ventana tratando de capturar una tilde de brisa. Sin embargo, y a pesar de todo, en algún momento me debo haber quedado dormido. Y soñé con ejércitos en medio de batallas, heridas profundas, gemidos de dolor. Después todo se precipitó más o menos a la velocidad con que lo cuento. Me incorporé sangrando y a sabiendas que yo era el culpable. En el sueño había disparado contra el espejo, sin percatarme de que en los sueños habitamos del otro lado. Al despertar, la sangre estaba ahí.

Sobre los autores:
Héctor Ranea
Sergio Gaut vel Hartman

El virus - Ana Caliyuri & José Luis Velarde




Mandris, que gozaba de la voluntad de los dioses, partió presurosa desde Ammar hacia Epsilon; debía bañar sus pensamientos en aguas más claras. La confusión, virus que se había propagado con celeridad por la ciudad, no se había apiadado tampoco de ella, razón por la cual, el virus le había afectado una de las capacidades cognitivas. La cajita de la memoria y su capacidad de almacenamiento habían colapsado y ya no distinguía los propios recuerdos de los ajenos.
Ligera, como siempre, subió al pegaso más próximo y pidió ser conducida al destino elegido.
La criatura la miró sin entender palabra y echó a volar hacia el Olimpo.
Zeus la vio aproximarse y confundido por el virus creyó mirar un furioso titán montado sobre un demonio fugitivo del Tártaro abominable.
Mandris vio la luz del rayo aproximándose y compartió el júbilo por la muerte segura del enemigo arribado del inframundo.


Sobre los autores: 
Ana María Caliyuri
José Luis Velarde

Jugo de naranja para la mesa 7 – Esteban Moscarda & Javier López


El resto era piola: mesas de madera oscura con fanales coloridos, luz tenue, un murmullo musical, buen clima. Entramos y elegimos una mesa que estaba cerca del ventanal sur, cercano a la puerta. Yo tenía delante de mí la visión del mostrador y el bailoteo de los mozos que iban y venían llevando los pedidos. Lo primero que me sorprendió, y se lo dije a ella, fue algo que llevaba uno de los mozos: una escopeta de cañones recortados sobre bandeja metálica. Preguntándole por aquello, me respondió:
—Ya sabe; han elegido este restaurante para suicidarse amablemente. Pero no le llame “escopeta”. Es el acompañamiento del Roti de Pato y lo ha pedido el señor de la mesa dieciséis. Por cierto, ¿qué van a beber ustedes?
—Cicuta –contesté sin saber bien lo que decía.
—¡Jugo de naranja para la mesa 7! —cantó el camarero.
—Oído cocina —se escuchó de lejos.

Sobre los autores:
Esteban Moscarda
Javier López

sábado, 9 de junio de 2012

Fieras de papel manteca – Sergio Gaut vel Hartman & Ana Caliyuri


Fue como despertar de una pesadilla y seguir recordándola y padeciéndola. Lo inaccesible se presentaba en la mente de Eda’bi como una triple sombra que abarcaba pasado, presente y futuro. Pero eso no le impedía ignorarlo todo acerca de sí misma. Experimentó sucesivamente su desnudez, el desconocimiento de los hechos previos al sueño y el peso asombroso de una ansiedad que amenazaba con demoler toda la serenidad que quedaba en el universo. Colocó entre sus orejas infecundas y los ojos ciegos, el estabilizador de pensamientos. Ella, desde siempre era una Galilea del aire. Se envolvió en la bruma, entregó sus fauces al abismo y desde allí delineó nuevamente su clon. Necesitaba que fuese a la medida de los propios anhelos. Luego de concluir tamaña empresa, divisó las sombras de las fieras y por primera vez las vio transparentes.

Acerca de los autores:
Ana María Caliyuri
Sergio Gaut vel Hartman

El bar – Esteban Moscarda & Alejandro Domínguez



Estaba corriendo pero no se acordaba de quién o de qué escapaba. La calle estaba cubierta por la noche y el silencio no lo hacía sentir mejor. Pero él seguía corriendo, veloz, el cuerpo tenso, la transpiración colmándole los poros, la respiración como una sonata desquiciada.
Tras una esquina ve un bar. Duda si parar y entrar en el lugar, del cual sale un blues seco y alguna que otra carcajada, o continuar en la absurda carrera. Algo le dice que siga pero su cansancio lo disuade y decide ingresar al negocio.
Veinticinco minutos y seis onzas de absenta después, la urgencia de huir es imperante. La carrera comienza nuevamente.
Corría, pero no se acordaba de quién o de qué escapaba. La calle le era angustiantemente familiar. Tras una esquina ve un bar. Duda si parar y entrar en el lugar o continuar. El cansancio es demasiado. Decide ingresar.

Acerca de los autores:
Alejandro Domínguez
Esteban Moscarda

El extraño caso del Profeta sin pasado – Héctor Ranea & Guillermo Vidal




—Te voy a contar cómo fue que pudimos salir de ahí —me dijo el que conocíamos como Profeta—. Pero aunque te lo cuente, lo vas a olvidar. Sólo lo hago porque insistes tanto que me estoy hartando.
Yo lo oía sin dar crédito a mis oídos. Estaba asombrado que en esas circunstancias pudiera escucharlo claramente y recordara varias de las peripecias que supuestamente me narraría pero, claro, todo no lo recordaba. Había sido duro el golpe, las secuelas incluían esta amnesia.
—¿Recuerdas las alas? —me dijo.
Claro, no las recordaba, ni las palabras, ni las historias que les dan sentido.
—Supongo que tampoco las instrucciones.
—Lo siento.
—No te disculpes. Ponte de pie y cierra los ojos.
Así lo hice, confiaba en el profeta y de pronto sentí el empujón, me había lanzado al vacío.
—Es un buen momento para recordar, al menos las alas —gritó el profeta.

Sobre los autores:
Héctor Ranea
Guillermo Vidal